EL FORO: Vinculación y apego en la infancia.

Foto_Jose_de_Sola 2
Por D. Jose de Sola, Psicólogo- Psicoterapeuta

Claves para un desarrollo psicológico sano de nuestros hijos.

Desde el  momento en que nacemos necesitamos de un buen apego y de un buen vínculo con nuestros progenitores.

¿Qué es el apego?.  Es la tendencia innata del  bebé a buscar la proximidad de sus padres desde el primer  instante de su nacimiento. Es una necesidad básica, sin la que no puede sobrevivir.

Ya en los años 40 del pasado siglo  Spitz René Arpad demostró la importancia de la cercanía, de las caricias, del contacto físico, de los cuidados a un bebé. De hecho, observó que los bebés huérfanos o abandonados en orfanatos o instituciones sin apenas contacto físico desarrollaban lo que llamó depresión anaclítica, caracterizada por una pérdida de la expresión mímica, de la sonrisa, mutismo, anorexia, insomnio, pérdida de peso y retardo psicomotor global. En algunos casos muertes prematuras.

Hoy en día sabemos más, entre otras cosas que el apego y la vinculación se apoyan en una búsqueda de la proximidad como forma de regulación afectiva, como medio de protección, de alivio del malestar emocional.  El bebé necesita un buen apego para lograr estabilidad y seguridad.

Paradójicamente necesitamos un buen apego para luego poder desapegarnos de nuestros padres y de nuevo volvernos a apegar a otras personas.  En este sentido el apego tiene como función proporcionar la autonomía, fortaleza y seguridad necesarias para, siendo ya adultos, poder desapegarnos de nuestros progenitores y volvernos a apegar de forma sana y estable. Se trata de una base de seguridad vital que permitirá posteriormente buenas vinculaciones con parejas, amigos, hijos y los propios padres. Un buen apego siempre proporcionará capacidad de autonomía e intimidad.

¿Qué ocurre cuando el apego del bebé o del niño no ha sido seguro, no ha sido estable, no ha proporcionado  seguridad y estabilidad?.  Entonces queda comprometida durante toda su vida su autonomía e intimidad, se queda ‘enganchado’ a un apego no alcanzado, no logra ni desvincularse de sus progenitores ni volverse a vincular a otras personas de forma sana y estable, con la independencia e intimidad necesarias. Su capacidad de autonomía e intimidad quedan comprometidas. En cierta medida, sigue buscando toda la vida en personas o situaciones  lo que no encontró siendo niño.

Por lo tanto, un apego seguro implica necesariamente respuestas sensibles y adecuadas a las necesidades del bebé; la madre sintoniza con el niño, con lo que necesita, le proporciona el contacto físico adecuado con gestos, caricias, palabras y contacto ocular. La sensibilidad de los padres ayuda a calmar sus miedos proporcionándole una base de seguridad.  El  niño  necesita una mirada incondicional, una cercanía estable, sin regateos. Y es desde estos primeros días desde donde se construye la fortaleza personal de toda una vida.  Poco a poco el niño desarrollará un sentido de seguridad, de la propia identidad e independencia así como capacidad de empatía y cercanía con las necesidades, motivaciones y deseos de los demás.

Por consiguiente, si queremos saber como fue realmente nuestra relación de apego con nuestros padres, no tenemos más que mirarnos con sinceridad, observar como nos relacionamos, como nos apegamos a personas, situaciones o seres queridos. Nuestras actuales relaciones de apego no son más que una continuación de nuestras relaciones en la infancia. 

Hasta aquí la teoría. Ahora quedan los lógicos interrogantes de cómo actuar con el fin de lograr ese buen apego y vinculación. Ante todo hay que indicar que los buenos y malos apegos suelen transmitirse entre generaciones. Es decir, los jóvenes padres tienden a reproducir las pautas educativas y afectivas recibidas, aunque no siempre sean muy conscientes.

Sin embargo, con honestidad, sea cual sea la educación recibida podemos desarrollar una sana relación con los hijos, una buena vinculación y apego con ellos.

Para ello hay que tener en cuenta las siguientes claves básicas:

1.Todo debe partir de una propia y sincera introspección de lo recibido, ser conscientes del tipo de apego, de las relaciones que se están mantenimiento para saber lo que se recibió y lo que probablemente se puede transmitir a los hijos.

    2. El niño necesita límites claros y justos en su educación. Constantes y firmes, sin excepciones. Intentar proporcionar un buen apego no significa en absoluto consentir todo. El bebé está obligado a aprender normas y adaptarse socialmente desde el principio. Un buen apego no excluye una buena educación, no implica consentir todo, la plena libertad.

      3.  Sin embargo, también necesita saber que sus padres siempre están ahí, que se siente querido incondicionalmente. Esto significa que no hay ni habrá nada que le haga perder su amor aunque se le impongan límites educativos.

       4. El contacto físico, las caricias, los juegos, el tiempo suficiente para estar con ellos, prestar sincero interés en lo que les interesa, hacerles sentirse importantes. Es decir, transmitir cariño incondicional, sinceridad y honestidad en la relación.

      5.  La honestidad es muy importante. Hay que tener en cuenta que para un niño los padres son fuente de referencia indiscutible y absoluta. Tienden a culparse si se les culpa. No es justo por tanto que vivan  miedos y culpas de lo que no han hecho.

      6.Cuidado con las amenazas de retirada de amor y cariño, aunque no sean ciertas, como forma de castigo. El niño las cree de verdad, considera que es cierto, que le pueden dejar de querer. Y esto rompe el sentido de amor incondicional necesario.

      7.El buen apego no excluye una buena educación, con sus límites y obligaciones, con el respecto a los demás y a los padres.  Un buen apego no implica proporcionar libertad ilimitada. Es necesario que el niño viva una educación que le enseñe cuales son los límites y posibilidades sin dejar de sentirse querido, pero tampoco consentido.

Por lo tanto, proporcionar un buen apego parte de la propia honestidad y conocimiento personal, de la cercanía, del amor incondicional expresado abiertamente y manifestado en el tiempo dedicado, en las caricias, en el contacto, en los juegos.  En suma, el niño y el bebé necesitan sentirse queridos, que son fuente de alegría y orgullo para sus padres.

Después llegarán la pubertad y adolescencia, con los primeros enfrentamientos generacionales que tanto desconciertan a los padres y que sin embargo forman parte del proceso natural e inevitable del desapego. Y como tal hay que tomarlos. Pero este ya es otro tema.

José de Sola Gutiérrez

Psicólogo – Psicoterapeuta

Telf.  91 279 77 57

Mail: Jose.desola@psico10.es

Web: www.psico10.es

 

 

2 comentarios para “EL FORO: Vinculación y apego en la infancia.

  1. Gracias por su información. Su conocimiento en esta área es amplio y el texto es convincente e interesante. No siempre leer este tipo de temas resulta tan ameno. Espero escribir más.

  2. Muy interesante el artículo. Muy interesante la iniciativa de este foro en el que tratar temas como este, que tanto interesan a la familia!
    Saludos

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>